lunes, 20 de febrero de 2012

“Me Apasiona la Vida, pero Quisiera que Simplemente Fuésemos Más Humanos”

Entrevista al Sacerdote Ismael Dri
Por: Gonzalo Acosta Tito (Revista Panza Verde)

Nacido en los años ´30 en Federación (Entre Ríos), se ordenó sacerdote en Roma, allá por la década del ´50, junto a Juan Carlos De Zan y a Juan Carlos Gorosito, la triada que se embanderó con la Teología de la Liberación; “devorábamos los libros de Boff y me apasionó, ya que era una teología nacida aquí en nuestra tierra, en Latinoamérica, en esa teología incluíamos la parte histórica, porque la teología de entonces era muy cerebral y etérea”. Fue párroco de la Catedral de Paraná, donde se enfrentó a Monseñor Adolfo Tortolo “adherente cordial e incondicional con la dictadura”, para luego venir a tierra de Pompeya gracias a su amigo Ricardo Rösch. Ismael Dri, el hombre que no renunció a su vocación; “fiel a mi compromiso con Dios pero en la Iglesia, en esta Iglesia de Jesucristo”, aquel que nos hace reflexionar sobre la implicancia de la dictadura en Concordia, “vos no sabías de qué lado estaba la gente, muchos estaban decididamente con los militares y ahora gritan en contra. Y tenían espías por todos lados, mi propio sacristán, un hombre grande, era espía de ellos”.
Ismael Dri: “un hombre humano, demasiado humano”, que la vida me dona la oportunidad de conocer bajo el eclipse del misterio Dios.


-¿Dónde nació y cómo llegó a Concordia, cuál fue su recorrido?

-Yo tengo 82 años, así que es largo el recorrido, ya estoy al final, recuerdo en este momento una parte de una poesía de Rabindranath Tagore, poeta hindú: “todos se van yendo cada uno por su camino, me voy quedando solo pero me es dulce escuchar por si oigo venir tus pasos Señor”. Sabes lo que me gusta este poema, pero bueno ya no leo nada porque estoy casi ciego, ahora ya no veo más con los ojos; veo con las orejas. Nací en Federación en 1929, y no había secundario en todos esos pueblitos, para hacerlo tenía que ir a Concordia, Gualeguychú, Concepción del Uruguay o Paraná, pero en todos tenía que pagarme la pensión y mis padres no podían pagar. Mis padres eran hijos de colonos-agricultores, yo conocí el trabajo con alegría en la chacra desde los 6 años. A la escuela íbamos siempre, nos quedaba a 5 kilómetros, a pie; campo traviesa, yo hice hasta 4º grado. Y a los 11 años me fui al seminario de Paraná y ahí terminé mi secundario, y empecé el profesorado de Filosofía. Acabada la segunda guerra mundial, estaba abierto el camino, pudimos viajar tres de nosotros: De Zan, Gorosito y yo, nos mandaron a Roma a estudiar, a la Pontificia Universidad Gregoriana pero vivíamos en lo que se llama el Colegio Pío Latinoamericano.

-¿En qué año y en qué fueron?

-Creo que nos embarcamos el 30 de agosto del ´49, era un barco de los Aliados que había sido usado para el desembarco de tropas. A la ida cuando fuimos, el barco iba a buscar inmigrantes. Y regresamos en el mismo barco, con De Zan, en el ´55, por el conflicto de Perón con la Iglesia.

-¿Cómo fue esa experiencia en Europa?

-Muy enriquecedora. Estudiábamos, no sé que nos habían metido que no perdíamos un momento… En la Universidad éramos más de 1000 alumnos de todos lados, era una gran riqueza, había rusos, árabes, de toda Latinoamérica, eso nos hizo abrir la oreja, nosotros no teníamos ninguna amplitud de mira. Y allá se nos abrió todo el panorama, y cautivador era esa diversidad de culturas y lenguas, mucho más que lo monumentos de Roma que son inagotables.

-¿Y Gorosito se quedó en Europa?

-Gorosito no quedó allí, sino que fue a Palestina y a Israel, a terminar el Doctorado en la Pontificia Universidad Bíblica de Jerusalen, y realmente lo aprovechó muy bien. Nosotros hemos comprendido por él, las dimensiones que tiene el misterio de la existencia humana y de la historia, yo creo que el misterio cada vez me envuelve más y me apasiona, no sólo el misterio de lo que no entiendo como la matemática, sino el misterio de existir, el misterio de la pasiones que llevamos adentro, esa sed insaciable de saber y de conocer, y eso no se apago hasta ahora que estoy ciego.

-¿Usted vuelve de Europa con su título y hacia dónde lo destinan?

-Yo llegué en febrero de ´55. Volví con mi título de Summa Cum Laude [con el más grande de los honores] es la máxima alabanza y con medalla de oro. En ese tiempo había un problema del gobierno con la Iglesia. Cuando llego me destinaron a Paraná, daba clases en el seminario de Derecho Canónico y ayudaba al Arzobispado de Paraná, que estaba entonces Monseñor Guillán, y ocupaba dos barrios; eran villa miserias que tenían el nombre de: El Pozo y El Pirola. Eran los barrios más pobres que había visto, eran unos zanjones y ahí iba a estar con ellos, dábamos catequesis bajo un ombú. Ahí estuve casi 10 años en esa tarea, después me pasaron a cura párroco de la Catedral de Paraná, donde pasé unos 9 años.

-¿Y la Teología de la Liberación surge en ese tiempo?


-La Teología de la Liberación surge lentamente en ese tiempo con Leonardo Boff en Brasil, devorábamos los libros de Boff y me apasionó, ya que era una teología nacida aquí en nuestra tierra, en Latinoamérica, en esa teología incluíamos la parte histórica, porque la teología de entonces era muy cerebral y etérea. Pero con Leonardo Boff se empieza a dejar hablar a la historia, y tenía unos puntos de encuentro con el marxismo; puntos de encuentro pero no de inspiración marxista, como dijeron creyendo que eso era marxismo. La Teología de la Liberación no era marxista, tenía puntos de encuentro como todas las doctrinas que tienen algo de verdad.
Y ahí vino la revolución de Videla y compañía, y el trágico hecho de la persecución y la tortura. Yo tuve mucho de mis compañeros desaparecidos y muertos, recuerdo que cuando vino la dictadura todo el mundo la aprobaba. Cuando comenzó eso yo estaba de párroco en la Catedral de Paraná, y estaba de obispo en Paraná Monseñor Adolfo Tortolo; que era adherente cordial e incondicional con la dictadura. Y la feligresía católica de Paraná se dividió, una parte estaba con la Teología de la Liberación, que la promovíamos De Zan, Gorosito, y yo, especialmente, y el resto del clero no se abanderó; algunos mezquinamente. Y vimos que estábamos en peligro y yo me había hecho amigo de Monseñor Ricardo Rösch, que ya había sido nombrado obispo de Concordia, él cuando iba a Paraná se alojaba en la parroquia conmigo. Y ahí nos hicimos amigos, cuando decido dejar Paraná porque estaba Monseñor Tortolo, y él promovía la coronación de la imagen de la Virgen del Rosario, y yo me oponía; acá no hay corona, la Virgen, una mujer pobre de barrio, ¡una corona de oro! sonaría a un insulto. Y se hizo una división, decían “¿cómo el cura Dri se opone a la coronación?” Y había argumentos falaces, Tortolo decía “el Padre la corona en el cielo, los hijos la coronan en la tierra”, nada que ver una cosa con otra. Y ahí empecé a ver que la cosa no marchaba y los militares cada vez más fuertes, y amigos míos que no estaban más. Entonces pensé en venir a Concordia, le hablé a Monseñor Ricardo Rösch y me dijo “pero sí, si vos sos de acá”, y Monseñor Tortolo no me quería dejar salir, y yo le dije que no me retiraba de la Iglesia, sino que me retiraba de esta Diócesis, y que me retiraba por él [Tortolo]. Se estaba haciendo una división en la Iglesia, y no queremos división en la Iglesia ninguno de nosotros. De Zan ya había dejado el ministerio, seguimos siendo amigos, nos hablamos todos los meses; él vive en Córdoba, y con Gorosito que ya falleció también éramos muy amigos.

- ¿Y va de párroco a Pompeya?

-Tuve de párroco en Pompeya, yo quería ir a la Campaña, no había párroco en General Campos ni en San Salvador, yo le insistía al obispo, y me decía que no tenía a nadie que le lleve adelante Pompeya, porque era una parroquia enorme, la más grande de Concordia; con más pueblo.
Vos no sabías de qué lado estaba la gente, muchos estaban decididamente con los militares y ahora gritan en contra. Y tenían espías por todos lados, mi propio sacristán, un hombre grande, era espía de ellos. A mí me llamaba la atención que cada mes cuando yo le pagaba se iba a Paraná y venía con zapatos y trajes nuevos. Y yo me daba cuenta sino que en la misa siempre había dos personas que se ponían al lado de los pequeños parlantes, y me llamaba la atención, después supe que me grababan las homilías y las mandaban a Paraná. Yo me entero porque entre los militares había uno que era amigo y pariente, y me hizo saber al poco tiempo: “mira que acá se sabe hasta la última palabra que vos decís en la homilías”. Después yo tenía mi Citroën y una noche estaba en una reunión en calle Sarmiento del movimiento familiar cristiano que nada tenía que ver con política, entonces vuelvo y guardo el auto en el garage, y al frente de la parroquia de Pompeya está el Parque Ferré y ahí había una parada de taxis, siempre unos 15 taxis en hilera prontos a salir, y yo veía que había un taxista que le llamaban “la foca”, un hombre gordo con bigotes, y los taxis siempre guardan el orden, sale uno y entra otro, y este no guardaba el orden, a veces salía y otras no, y la mañana siguiente voy a salir con mi Citroën y veo que me falta un foco, entonces lo veo y le pregunto, y me contesta “pero no vio que ayer al salir de la casa de calle Sarmiento ya no lo tenía”. Entonces me dije ojo, este es uno de los que me vigila permanentemente.
Yo tenía un grupo de jóvenes, y un día uno desapareció, se llamaba Jorge Papetti, la familia vivía en Pompeya, estaba haciendo el servicio militar fue a Paraná [fue incorporado como soldado conscripto al Regimiento Caballería de Tiradores Blindados], y dicen que en el camino se les escapó, pero quién iba a creer eso, lo mataron en la tortura, era conocido el chico y querido, trabajaba en el barrio Martín Fierro, había estado en La Plata y de allá había venido a la casa. Y cuando se supo que desapareció generó un terror acá.

 -Dice Juan Carlos De Zan en una entrevista “estamos por liquidar el planeta, bocas hambrientas por millones y referentes de los graneros del mundo hablan en una mesa. La desesperanza, el desasosiego, la globalización del lucro. Se pone espeso el horizonte.” ¿Qué opinión le merece dicha reflexión?

-Estoy totalmente de acuerdo, es brutal e inhumano el mundo en el que vivimos. Es el lucro y el amontonamiento en sí mismo, y ellos mismos lo dicen, el otro día escuchaba que el 80 % de las riquezas está en manos de apenas un 20 % de la humanidad. Santo Tomás de Aquino lo dice: la avaricia es el único vicio insaciable, porque los demás, no sé, podés ser bebedor pero llegas a un momento en que no podés tomar más y sino vomitas, el comilón empacha, pero bueno cualquiera de los vicios… Es vergonzosa la concentración del lucro y del poder, está en manos de un grupúsculo de hombres o firmas multinacionales, como las grandes empresas mineras aquí en la Argentina que están envenenando el planeta. Y la muerte por millones de hambre. Y nosotros nos quedamos contentos porque Argentina está entre los 20 más poderosos y envidiables del mundo, estamos porque tenemos medios para alimentar, entonces nos quieren tener cerca, porque Europa no tiene muchos recursos para vivir pero tiene mucha plata y mucho poder. A mí me da pena Grecia, imagínate que Alemania le pedía que entregue en garantía, en pago; las obras de arte que tiene, pero eso es como vender el alma. El pueblo griego que yo tanto admiro, la ciencia; ellos son los padres de la ciencia.

-¿Qué es Dios para usted?

-Definir algo es dominarlo, definir una cosa es apoderarse de ella, y Dios es indefinible, Dios está dentro de un misterio, como nosotros somos un misterio para nosotros mismos. Si vivís superficialmente está todo clarito, pero si vivís con un poquito de profundidad, vos mismo para vos sos un misterio. Lo que es la vida, la muerte, la aspiración a la felicidad, a la verdad, a la unidad. Me apasiona la vida, pero quisiera que simplemente fuésemos más humanos.

-¿Esa carencia de humanidad de los humanos va en consonancia con la desacralización del mundo, con la huida de los dioses y la perdida de lo sagrado, como advierte Heidegger, y esa forma provocante y violenta con que nos relacionamos con el entorno, propio del orden imperante económico-tecnológico?

-El Papa [Benedicto XVI] habló del eclipse de Dios, el eclipse es algo que impide ver el sol o la luna pero no es definitivo, es un ensayo más que está haciendo la humanidad; que va a ser triste. El hombre se cree dueño del mundo expulsando a Dios, borrando el misterio del existir y del ser.

-Usted no ha decidido abandonar los votos a diferencia de Juan Carlos De Zan o Rubén Dri, por ejemplo, ¿usted ha seguido siendo fiel a sus votos, pero fiel a qué Ismael?

-Fiel a mi compromiso con Dios pero en la Iglesia, en esta Iglesia de Jesucristo, con todos sus defectos, sí; es un grito de escándalo el tema de los pedófilos, por ejemplo, pero está dentro de esa deshumanización que atraviesa todo. El ser humano es el único que se degrada, baja de grado, en lugar de humano es bestia, el árbol es siempre árbol, la piedra es siempre piedra, no se degrada de condición, pero si a la piedra la utilizan para la construcción de una obra de arte se ennoblece, pero el ser humano puede ser un ejemplar de humanidad como madre Teresa o puede ser algo más bajo que una bestia.
El problema mayor no es la descristinizacion de la humanidad sino la deshumanización de la humanidad, y no se puede construir el cristianismo si no hay humanidad. Ni merecemos el nombre de ser humanos y esa es la tragedia grande. Dijo Pío XII al final de la segunda guerra “hay que rehacer el mundo entero, cambiarlo de salvaje a humano, y después si es posible de humano a cristiano”. Lo peor de acá, como la dictadura, se hizo en nombre del catolicismo y en Europa se hizo en nombre de la democracia y la libertad.