jueves, 29 de agosto de 2013

Homenaje

Por Hernán Vargas

Quiero volver a compartir con ustedes, esta brevedad que escribí hace un tiempo.
Hoy pienso en esas personas que buscan entre los escombros algún atisbo de vida, esperanza incansable.
Pienso en los perritos que olfatean quizás hasta el hartazgo entre los restos de la tragedia, pienso en las familias esperando saber algo aunque sea la peor noticia pero que termine semejante suplicio de incertidumbre, me imagino pero no puedo porque sólo el que sufre puede saberlo. Mis respetos a todas las personas fallecidas en Rosario, a nuestro hermanos de Rosario, a los que ayudan de alguna manera, a los rescatistas, y sobre todo a los bomberos que ...arriesgan sus vidas.
Luego con el tiempo deberemos pensar en ser más previsores y no reactivos a las tragedias, un mal tan argentino este, porque no podemos prever nada, ni anticiparnos a los males. Podes empezar por tu casa nos dicen quienes nos dan las charlas en emergencias, ver el sistema eléctrico, instalar disyuntores y térmicas, colocar sensores de monóxido o de perdidas de gas, tener en la casa un extintor, ¿Cuánto vale la vida de tu familia nos preguntan, $500, $1000...$1500?
Por qué no enseñarles a los chicos qué hacer en casos de emergencia, a quién llamar. Por qué no invertir nuestro tiempo en cursos de primeros auxilio que pueden ser útiles? Esto se podría implementar en las escuelas desde chiquitos, porque se puede enseñar jugando pero lo que se inculca no se olvida más. Cromagnon, El Río Salado, el tren de Once, los chicos de Eccos, la Amia, etc, etc,. Cuántas vidas se podrían haber salvado.
Ahora solo puedo rezar por los que sufren y por las almas que ya no están.
Por una cuestión de rutina, cada vez que voy al trabajo nos cruzamos con una puntualidad sorprendente, nuestros caminos se interceptan en la plaza. Esta persona que siempre capta mi atención debe tener unos cuarenta años, es alto y delgado, de facciones rígidas pero a pesar de ellas su rostro denota una voluntad inquebrantable.
Lleva el cabello bien corto, tiene la frente siempre arrugada, típica frente de un hombre preocupado por su ocupación laboral (aunque me imagino que trabaja por vocación).
Hoy noté en su mirada, si bien sus ojos no son llamativos (incluso tienen un color indefinido), algo que me pareció increíble. Seguramente el horario de la mañana y las escasas horas de sueño que tuve pueden haber conjugado en mi mente una ilusión. Es imposible que la estatua del bombero de la plaza San Martín este llorando, enseguida surgieron las explicaciones lógicas: Gotas de rocío ó la humedad que se condensa en la fría piedra han ayudado a crear esta alucinación ¿ó será que esta vez no pudo salvar al niño que lleva entre sus brazos?