jueves, 28 de septiembre de 2017

El Peligro de los Condescendientes

Por: Rodolfo O. Gianfelici, www.prensamare.com.ar

En el año 1973 vivimos en la Escuela Industrial Superior santafesina (la EIS o El Industrial), una experiencia inédita en el país. Fue aquella donde estudiantes, personal no docente, docentes y autoridades, se comprometieron en elaborar una nueva convivencia, que incluía, un nuevo plan de estudio, tras décadas sin cambios.
En principio se cambió la relación de la comunidad educativa, con el funcionamiento del Centro de Estudiantes. Con la incorporación de nuevos profesores. Con establecer una escuela abierta a la comunidad.
Es cierto que el país vivía una realidad diferente a la actual, con una juventud movilizada, donde el Director -Alberto Barber Caixal- marcó un rumbo, al que se sumaron alumnos, padres, docentes, no docentes.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Amar para Ser Libres


Por: Psic. José Daniel Estrada Navarro - Irapuato, México

La vida nos ama tanto, que nos dio la oportunidad de vivirla, de disfrutarla, de sonreír con ella y de reclamarle solo cuando sea justo y necesario.
¿Pero en qué momento dejamos de sentirnos libres?, ¿en qué momento nos volvimos esclavos de nosotros mismos? La respuesta es muy sencilla, uno pierde la libertad justo en el momento en que dejamos de hacer todas aquellas cosas que tanto nos apasionan, todo aquello que disfrutábamos y todos aquellos momentos donde con una sonrisa le mostrábamos al mundo lo felices que éramos, sin importar la edad, ni lo mucho o poco que podíamos tener a nuestro alrededor, porque lo que hacíamos en ese preciso momento lo describíamos con la palabra amor, amábamos tanto cada momento lo cual nos permitía ser libres en la vida… dibujar, cantar, bailar, cocinar, viajar, leer, ir al cine con los amigos, ver un atardecer, ir a un recital de tu banda favorita, mirar las estrellas, aun sabiendo que ellas nos miraban a nosotros desde mucho antes, pero… ¿Qué fue lo que paso?, ¿en qué momento dejamos de sentirnos libres? Cambiamos una sonrisa por estrés laboral, cambiamos un atardecer por ocho horas de trabajo diarias, y si es necesario trabajar, pero hay que trabajar para poder vivir, no vivir para trabajar.